Dificultades para amar

Pablo Nachtigall describe algunas de las dificultades que podemos tener a la hora de vincularnos y confiarnos en una relación de pareja. Muchas veces los obstáculosvienen desde uno mismo, impidiendo disfrutar de uno de los aspectos más enriquecedores de la vida humana.


Estos son alguno de los miedos que pueden bloquear tu capacidad de sentir, manifestar y compartir el amor en tu vida:


1 - Miedo al descontrol. Este miedo se manifiesta especialmente en los vínculos de pareja, cuando conocemos a alguien y tememos soltarnos de nuestra estructura y rigideces. Tememos descontrolarnos cuando somos personas muy controladas y controladoras, por ende, entrar en una relación amorosa nos brinda una oportunidad única de soltar ese control… O buscar controlar al otro. Frente a una persona que puede gustarnos, atraernos y enamorarnos, podemos perder el control, y eso puede resultar “peligroso” y aterrorizante. Por ende, muchas personas prefieren continuar sus vidas “controladas” sin arriesgarse.

2 - Miedo al rechazo. También pueden temer otras personas ser rechazadas y, por eso, permanecen guardadas en su hogar al calor de su familia, Internet y cosas conocidas. En el amor, tenemos la posibilidad de desear a alguien y que esa persona nos rechace, sea en los inicios o cuando estamos intentando construir algo. Sin embargo, si deseás generar una relación amorosa, no queda otra que atreverte a meterte en este viaje. Muchas veces tememos al rechazo cuando tenemos un “ego” demasiado grande, o muy vulnerable... Después de todo, ¿quiénes somos para creernos tan importantes que no podemos ser rechazados?¿No lo podemos soportar?

3 - Miedo al abandono. Generalmente este miedo procede de haber estado en situaciones donde nos hemos sentido abandonados o faltos de contención y apoyo afectivo. Se puede haber experimentado esta clase de situación en sus familias. Por supuesto, todos poseemos algún “paquete familiar”. El problema de no resolver psicológicamente esto es que, en el fondo, seguimos sintiéndonos como niños asustados y evitamos situaciones amorosas en nuestra adultez. Conclusión: nos volvemos personas dependientes o fóbicas a conectar con el otro.

4 - Miedo a las caricias amorosas. Paradójicamente, este es el temor nuclear que podemos encontrar en el 90% de las personas. Miedo a permanecer en un espacio amoroso con los demás. El budismo explica que el miedo es la falta de costumbre de… Es decir, si temes al amor es porque no estás acostumbrado a permanecer en una situación donde puedas ser tocado, abrazado y amado, y viceversa. Nuevamente, es importante explorar qué experiencias tuvimos respecto al amor, como energía en todos los aspectos de nuestra vida. Y comprender que, para vivenciar el amor, precisamos generar una costumbre, habituarnos a intercambiar caricias con los otros.

5 - Miedo al conflicto. A veces resulta aterrorizador involucrarse en una relación de pareja o colocar límites a sus amigas, padres e hijos, debido a que temen pelearse y discutir con ellos. Por ende, pueden permanecer asustados, mostrándose dudosos, laxos y sobreprotectoros, tolerando situaciones que les generan malestar sin hacer nada por cuidarse.

6 - Miedo a la frustración. Este miedo denota una personalidad infantil que no acepta que las cosas no se den como quiere. Tememos frustrarnos cuando permanecemos estancados en nuestro “niño interior” y dejamos que nos guíe. Si somos adultos, podemos comprender que, a veces, en el amor podemos frustrarnos y eso forma parte de crecer, aun cuando no nos guste. Pero si negamos temer a la frustración, terminamos actuando como personas caprichosas, malcriadas e intolerantes, y eso impide entrar en la energía del amor.

7 - Miedo a la vulnerabilidad. Este es otro temor fundamental que se esconde detrás de millones de personas solitarias e, inclusive, casadas. Todos tememos estar expuestos y vulnerables cuando nos enamoramos, e inclusive en nuestros vínculos de amistad y familia. El amor produce una de las cosas más bellas: mostrarnos tal cual somos, con virtudes, defectos y ansias de amar y querer ser amados. Esta verdad tan simple y elemental puede ser peligrosa para millones de personas que están acostumbradas a sentirse y proyectar una imagen de omnipotencia, seguridad y eficiencia ante los demás. Ser vulnerable implica mostrar lo que sentimos y pedir caricias desde lo adulto, no desde el niño demandante. Implica situarnos en la realidad y comprender que forma parte de lo que somos, aceptar que precisamos dar y recibir amor.

En este artículo Pablo Nachigall presenta algunas de las auto limitaciones para que podamos permitirnos una relación de pareja, lo que nos invita a reconocer la importancia de conocernos para poder amar, y vivir en pareja..